Mi nombre es Robson y soy un alcohólico en recuperación que, solamente por la gracia de Dios a través de Alcohólicos Anónimos, llegué a creer que, solo por hoy, no he consumido alcohol. Nacido y criado en la periferia de la ciudad de São José dos Campos, en el interior del estado de São Paulo, en Brasil, no recuerdo haber visto a mis padres beber. En las calles, experimenté alcohol y otras drogas y sentí placer y fascinación por la magia que aquello hacía en mi mente. Lo que era un placer se fue transformando en necesidad y las consecuencias se convirtieron en problemas físicos, mentales y espirituales en mi vida, en mi casa y en mi trabajo. Con la intención de mejorar mi situación, hacía algunas paradas forzadas en mi forma de beber y, cuando creía que podía beber controladamente, me encontraba borracho de nuevo. Encontré una sala de Alcohólicos Anónimos y fui muy bien recibido. En contacto con la literatura, conocí a un grupo de internacionalistas que se comunicaban por medio de cartas. Ingresé en ese grupo y, a través de él, comencé a comunicarme con personas de todas partes por correspondencia. El lenguaje del corazón se transmite por la punta del lápiz. Mi hija, hoy con 10 años de edad, me ayuda a colorear las cartas. Veo lo mucho que soy agraciado por conocer esta hermandad y tener la oportunidad de compartir con varias personas iguales a mí que buscan la sobriedad cada día. Recibo un boletín trimestral con las historias de esas personas que me ayudan a vivir sobrio un día a la vez. Muchas gracias por formar parte de mi vida. Que Dios los bendiga y hasta entonces.